Requiem por aquello que nunca fuimos

Pertenecemos a uno de los géneros humanos más reconocibles e identificables, por los de dentro y por los de fuera. Sí, pertenecemos a un género único: somos españoles. Entre el egoísmo, la comodidad y la pobreza (interna y ya externa según que casos) el ser humano español compone uno de los géneros y habitantes del planeta más especiales y bizarros jamás visto, la gran fiesta de los Lereles, eso es España.

¿Duele? ¿Impresiona leerlo? De primeras pensarás que leerás otra vez más de lo mismo sobre los tópicos que siempre has escuchado. Puedes estar tranquilo o tranquila, mis tiros no van por ahí.

A partir de ahora, permíteme que no use la primera persona del singular.

Es, o sois, del género humano que lleva corriendo por sus venas la frase tan famosa que tanto daño ha hecho a este país: “es lo que hay”. “Es lo que hay”.
Al día nacen de media en este país unos 453.637 niños que llevan ya de por sí, en las venas y sin saberlo esa frase. Que sin saberlo se criarán y se les inculcará la filosofía del “es lo que hay”.

Un género humano. Una filosofía.

“Es lo que hay” denota conformismo, comodidad, debilidad. Somos gente débil. Al “es lo que hay” le sobran voluntarios. “Es lo que hay” es una crisis en la que mucha gente lleva anquilosada mucho tiempo, es la sombra más oscura en la que se encuentra nuestro propio yo.

Parece que al mismo tiempo que caía la Armada Invencible, dejando atrás gloriosos días y gestas, nació una frase, una filosofía.

Creemos que luchamos, que oye, bastante es tener un plato de comida en la mesa (eso, aquellos que a día de hoy tienen la suerte de tenerlo…) pero somos, de nacimiento, cómodos, con ilusiones pero sin luchar, sin creer y sin confiar. Nos dejamos llevar por la vida, en vez de que la vida se deje llevar por nosotros. Somos, sin probabilidades ni porcentajes estadísticos medio inventados, un país de gente con talento. Con mucho talento.

Un género humano. Una filosofía. Un concepto: el talento.

Somos potencia en talento. Somos potencia nº1 en talento perdido. Desaprovechado y reconvertido en talento de conformismo. Porque acto seguido de la frase “es lo que hay” viene la respuesta, la defensa: “las cosas no son tan fáciles”.

Un género humano. Una filosofía. Un concepto: el talento. Una excusa.

Somos, y creemos que somos, felices siendo lo que nunca pensamos que seríamos, unos fracasados que se esconden bajo la coraza de la felicidad, bajo la coraza de la comodidad de aquel que no ha luchado, que no se ha esforzado por ser lo que quería ser.

Te los encuentras todos los días sirviendo cafés en mesas, poniendo cubatas por las noches, yogures helados en tardes calurosas, limpiando escaleras o dándote el cambio en el supermercado. Son el rostro, joven y adulto, de aquellos que pudieron llegar lejos pero que ni si quiera lo intentaron.

¿Por qué?
Por una excusa.

Son el talento al que le faltó la voluntad y las ganas, la lucha y la fuerza, el creer en ellos mismos. Bajo la filosofía del “es lo que hay” se esconde el no creer, ni en lo que queremos ni en lo que somos o podemos ser.

Cualquiera, por naturaleza, prefiere lo fácil. Y lo fácil, lo más fácil, es poner cafés.
Lo más fácil es pararse a pensar que si para querer estar en donde deseas tienes que sufrir, luchar y pasarlo mal prefieras no pasar por ese camino.

Nos han educado para ser mediocres y pobres, pero pobres por dentro, que todo nuestro contorno e historia se haya acostumbrado siempre a perder no implica que uno mismo se tenga que poner metas cortas o pequeñas.

Sin acritud, sin ofender a quienes ponen cafés ni limpian escaleras, en serio. Anteponemos todo, todo, hasta nuestras excusas, antes que luchar por nuestra felicidad. Por eso somos un país pobre, pero no hablo ni de salarios ni de PIB (aunque también está relacionado) hablo de entereza y de integridad, hablo de personas pobres por dentro. Nos autodestruimos sin saberlo, “somos proyecto de”, o “yo iba para pero me quedé en…”. Así son los que habitan el país de los “lereles”.

Somos un género cobarde y con miedo, miedo porque para hacer lo que se quiere hay que ser libre y no somos libres porque tenemos miedo. Miedo a ser lo que realmente queremos, miedo porque nunca nos han enseñado a luchar, ni nos han enseñado a caer, a levantarnos y a volver a caer. Y ese miedo es al que tememos enfrentarnos. Por eso siempre gana la opción más fácil, más cómoda: dejarse llevar con el “pero” tatuado en la frente.
Pero que no te entre la angustia existencial, no, todo lo contrario, que te entren ganas de luchar, se vivir, de ganar experiencias, de ganar y de perder, de ser aquello que siempre quisiste ser, de hacer. Como decía en un artículo Risto Mejide “vida hay una, y es ya”. Dicen que para ser grande no hace falta ser alto ni ancho, solo hay que ponerle ganas.

 

No te mueras ni llegues a viejo con la sensación amarga que te da el no haberte realizado, de no conseguir lo que querías. Porque entonces, volverás al punto más amargo que existe, al punto número uno que dice aquello de “es lo que hay”, ¿te suena?

El mundo no es de los que se ponen “peros” a sí mismos antes de dar si quiera el primer paso. El mundo nunca ha sido ni será de los cobardes.

Requiem por todos aquellos proyectos, ideas, esperanzas o sueños que se quedaron en el camino y nunca jamás verán la luz. Requiem por ese talento perdido.

 

Fragmento de “El Club de la Lucha”:

Quiero en el club de lucha a los más fuertes y más listos de la zona,
veo mucho potencial pero está desperdiciado.

Toda una generación trabajando en gasolineras,
sirviendo mesas o siendo esclavos oficinistas.

La publicidad nos hace desear coches y ropa,
tenemos empleos que odiamos para comprar mierdas que no necesitamos.

Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos, no hemos sufrido una gran guerra ni una depresión, nuestra guerra es la guerra espiritual.
Nuestra gran depresión es nuestra vida.

Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios y dioses del cine o estrellas del rock pero no lo seremos y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados.

Posted on 7 julio, 2014 in BLOG

Response (1)

  1. JP Sparrow
    7 julio, 2014 at 15:32 · Responder

    Sublime… si tuviera mas palabras para escribirlas las diría, pero no las necesitas, tú no 😉

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